Hay algo curioso que pasa cada verano.
Las redes sociales se llenan de fotos espectaculares: piscinas infinitas, atardeceres de postal, desayunos perfectamente colocados, habitaciones impecables donde, misteriosamente, no hay una maleta abierta ni una camiseta encima de la cama. (Todos sabemos que eso dura aproximadamente… tres minutos después del check-in).
Y sí, ese contenido funciona.
Pero hay una pregunta que me gusta hacer a los hoteles y alojamientos turísticos con los que trabajo:
¿Qué es lo que más recuerdan tus huéspedes cuando vuelven a casa?
Porque casi nunca la respuesta es: «La tumbona número cuatro estaba muy cómoda.»
Lo que recuerdan son otras cosas. Y, curiosamente, son las que menos enseñamos en redes sociales.
Las vacaciones no se recuerdan por las habitaciones. Se recuerdan por los momentos.
Haz memoria.
Piensa en unas vacaciones que recuerdes con cariño.
¿Qué te viene primero a la cabeza?
¿La medida exacta de la habitación? ¿El tipo de colchón? ¿Los metros cuadrados del baño? Probablemente no.
Lo más seguro es que recuerdes cosas como:
- aquella conversación en una terraza hasta las tantas
- el desayuno sin mirar el reloj
- el paseo después de cenar
- la siesta que se alargó más de la cuenta
- el camarero que te recomendó un restaurante espectacular
- o ese atardecer que apareció casi por sorpresa
Las vacaciones están hechas de pequeños momentos. Y ahí es donde nace el mejor contenido.
Tenemos una extraña obsesión por fotografiar lugares… y olvidarnos de las emociones.
En muchas cuentas de hoteles ocurre algo parecido. Enseñamos muy bien el escenario pero muy poco lo que ocurre dentro de él.
Es como si un cine solo enseñara el decorado de una película. Bonito, si, pero sin historia.
Y las personas conectamos mucho más con las historias que con los espacios. Porque una habitación bonita llama la atención. Pero imaginarte despertando allí un domingo sin despertador… eso despierta el deseo.
El verano tiene un superpoder: hace que todo vaya un poco más despacio. Y eso también debería notarse en tu contenido.
No hace falta que cada publicación grite:
«¡Reserva ya!»
A veces basta con transmitir una sensación: El sonido de los cubiertos antes de que empiece el desayuno, la luz entrando por una ventana a primera hora, una bicicleta apoyada en la puerta, las chanclas abandonadas junto a la piscina, ese silencio que solo existe cuando todo el mundo sigue durmiendo.
Son detalles pequeños pero tienen algo que ninguna oferta puede comprar: hacen sentir.
El contenido perfecto está sobrevalorado.
Vamos a romper un mito.
No necesitas que cada foto parezca la portada de una revista. De hecho, muchas veces el contenido que mejor funciona es el que parece menos preparado.
Ese vídeo grabado casi sin pensar, ese momento espontáneo, ese trabajador saludando a un huésped, ese perro que pasa corriendo por el jardín y decide convertirse en protagonista del Reel.
La vida real tiene una costumbre maravillosa: siempre encuentra la forma de conectar mejor que lo perfecto.
El verano es el mejor momento para enseñar quién eres ya que durante el resto del año solemos enseñar mucho lo que hacemos.
En verano tenemos la oportunidad de enseñar cómo somos. Y no es lo mismo.
Puedes enseñar una habitación, si, o puedes enseñar a la persona que coloca el detalle de bienvenida con la misma ilusión del primer día.
Puedes enseñar una terraza, también, o puedes enseñar cómo cambia esa terraza desde el primer café de la mañana hasta la última conversación de la noche.
Puedes enseñar un desayuno, como no, o puedes enseñar esa tostada que un niño ha untado de mermelada con más entusiasmo que precisión.
Y sí… probablemente haya mermelada en media mesa pero eso también son vacaciones.
Hay contenido que no vende directamente… pero hace que te elijan.
Este es uno de los mayores errores que veo en redes sociales. Pensar que todo el contenido tiene que vender.
Pues no, hay contenido que simplemente hace que una persona piense:
«Qué gusto tiene que dar estar ahí.»
Y esa sensación vale muchísimo.
Porque cuando llegue el momento de reservar unas vacaciones, ¿sabes de quién se va a acordar? De quien consiguió hacerle sentir algo y no necesariamente de quien publicó más ofertas.
Este verano, observa más y posa menos. Haz una prueba.
Antes de sacar el móvil para grabar, dedica unos segundos a mirar lo que está pasando. Seguro que ves algo interesante: un niño descubriendo la piscina por primera vez, una pareja brindando, alguien leyendo bajo un árbol, una familia jugando a las cartas, un huésped preguntando por una cala escondida.
Y todo eso es contenido.
Y además, es contenido que ningún banco de imágenes puede copiar porque pertenece a tu alojamiento, a tu forma de recibir, a tu manera de hacer sentir.
El mejor recuerdo de unas vacaciones casi nunca es una foto y quizá por eso las mejores publicaciones tampoco deberían limitarse a enseñar lugares.
Deberían enseñar momentos.
Porque una habitación puede ser preciosa pero lo que realmente hace que alguien reserve es imaginarse despertando en ella.
Una piscina puede ser espectacular pero lo que enamora es pensar en esa primera zambullida después de un viaje largo.
Un desayuno puede estar perfectamente presentado pero lo inolvidable es desayunar sin prisas, sin reuniones y sin mirar el correo cada cinco minutos.
Este verano no enseñes solo tu alojamiento. Enseña cómo se vive.
Cuando prepares tu próximo contenido, prueba a cambiar la pregunta.
En lugar de pensar:
«¿Qué rincón voy a enseñar hoy?»
Pregúntate:
«¿Qué momento quiero que alguien imagine?»
Porque las vacaciones no empiezan cuando un huésped hace el check-in.
Empiezan mucho antes.
Empiezan cuando alguien ve una publicación y, casi sin darse cuenta, sonríe y piensa:
«Este verano… me gustaría estar ahí.»
